Biografía

Su música

En el 2008 hasta la actualidad funda “El Sonido de los Durmientes” donde desempeña el rol de guitarrista, compositor y director. La orquesta trabaja obras originales que integran a la música folklórica con la música académica y está compuesta por diez músicos (Guadalupe Planes - flauta, Eugenia Marsili - oboe, Gonzalo Braz - clarinete, Mercdes Morello - fagot, Claudia Spalletta - violín, Leo Pérez - violín, Olga Kneetman - Viola, Laura Basombrìo - Cello y Martin Pantuso - contrabajo). Cuenta con 3 trabajos discográficos ("El Sonido de los Durmientes" 2010 - "Danza entre Todos" 2014 – "Mancha Arena" 2016) y fue declarado de interés cultural por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en Octubre del 2014.

Recientemente funda ZAMBO Trío (Leo Pérez - violín y Flavio Romero – contrabajo), donde desarrolla el rol de guitarrista y compositor. Estudió la obra de Eduardo Falú y durante el 2015 brindó conciertos en diferentes salas de la Ciudad de Buenos Aires de guitarra solista en el marco de "Homenaje a E. Falú" en los que interpretó, además, obras de su autoría.

En el 2013 obtiene el 1er. premio de composición otorgado por el Consejo Argentino de la Música, por su obra "La Yunza". En el 2017 obtuvo una mención de Honor en el II Concurso de Composición para orquesta infantil y juvenil organizado por IBERMÚSICAS por su obra sinfónica "El Busca".

Compuso la música del documental “La Cascara Rota” Dir. Florencia Mujica y producido por “La taguara fílmica” (Venezuela) con el apoyo del INCA, estrenado el 24 de Abril del 2014 en el Cine Gaumont. También compuso la banda sonora de “Escrito en la tierra” dirigido por Florencia Mujica y producido por “La taguara fílmica” (Venezuela), estrenado el 29 de mayo 2012 en el Cine Gaumont. Fue el creador de la música de "Soy Juana", cortometraje de animación stopmotion realizado por Laura Bondel. Para teatro compuso la música de “Cenestesia” una obra teatral de Gustavo Sternischia y de “Shooting Back”, dirigida por Jesús Gómez. El primer proyecto que convocó para abordar su música fue “Grupo Tierra” (2003), integrado por Gabriel Cuman - bajo eléctrico, Tomas Filnkestein - Batería, Diego Weber - Saxo Alto y Andrés Orlando - Piano. En su época de rock obtiene en 1997 el primer premio, junto a su agrupación “Viarruna” en el concurso organizado por la escuela de Música de Buenos Aires (EMBA) donde desarrollaba el rol de compositor, vocalista y guitarrista.

Sobre la composición, dos cosas: ¿Cuál es nuestra música? ¿Qué música hacer?

Antes que ensayar una respuesta, hay que advertir que en la actualidad hay dos aspectos de la realidad cultural que nos atraviesan y con los que se tropezará, de alguna u otra manera, tarde o temprano, todo aquel que se siente a crear una obra. Por un lado, en estos países primero colonizados y luego globalizados, que tienden a divorciar las costumbres locales de los grandes centros de estudios, es común encontrarnos un día, después de un largo proceso de formación institucional con la "idea" de que no somos de ningún lugar, no tenemos patria. Por otro, la mercantilización de la cultura, suele transformar a las expresiones populares más genuinas y auténticas en producciones adaptadas al mercado, cuyo valor artístico se anula, al pasar por el filtro de las necesidades de la sociedad de consumo. Se transforma entonces a la cultura popular, en cultura de masas. Entonces, por un lado "la colonización pedagógica", como decía A. Jauretche, proceso en el cual aprendemos a valorar las culturas de los países dominantes (EEUU, Alemania, Italia, Rusia y anteriormente España), ignorando e invisibilizando nuestro entorno. Es un legado del siglo pasado que pareciera ir revirtiéndose de apoco, a partir de algunas iniciativas recientes que jerarquizan a la cultura nacional en las universidades. Por otro lado, la mercantilización de la cultura. Esto es, la transformación de una expresión autentica que habla de un modo de sentir las cosas, de una perspectiva que nos es propia, que surge de un lugar, de un clima y emana de determinados modos de vivir que nos definen, en un producto para el consumo. Cualquier expresión popular es vulnerable ante el capital, hay ejemplos de sobra en el Folklore Norteño, en el Tango, el Rock, la Cumbia etc. Entonces, con esto, ya advertimos de que el medio en el cual trabajamos es confuso, y podemos coquetear con el vacío, si no nos arremangamos para trabajar.

Vuelvo entonces con las dos preguntas iniciales:

¿Cuál es nuestra música?

En cuanto ignoramos nuestro entorno más cercano y lo invisibilizamos, dejamos de ser. En nombre de las buenas costumbres nos peleamos en silencio con nuestro modo de sentir. Así, se apaga nuestra posibilidad de hacer música para siempre y de darle curso a alguna idea que nos es propia. Porque el lugar y el tiempo histórico nos constituye en tanto subjetividad. Moldea nuestra sensibilidad. Somos singularidades en un medio determinado, si ignoramos el entorno que nos construye, nos divorciamos de nosotros mismos. Nos enajenamos. Todo pasa a ser ajeno, por propio desconocimiento. Nos quedamos mudos, por interpretarnos con un marco referencial extranjero. La vergüenza, es la cara de la represión y entonces, la barrera que debe torcer el valiente. La música folklórica, anónima, colectiva y popular tiene historia en todos los pueblos y no es algo acabado, sino que está en constante cambio. Hay permanentemente testimonios vivos de esta sensibilidad, muchas veces en la oscuridad, por fuera de los escenarios y de las academias, pero siempre se hace escuchar como un grito liberador. Debemos conocer la historia de esta expresión, seguir el camino de su raíz, omitida muchas veces, no escrita, ni documentada. Es fácilmente reconocible, suena evidente e irrefutable, convence con sus silencios, se impone y es provocativa al revelar otro modo de hacer las cosas. La conciencia histórica es la lupa que nos ayuda a reconocer en el complejo del presente, los pequeños brotes de esa tradición que nos hermana, en tanto representa un modo de sentir el mundo.

¿Qué música hacer?

Cuando pensamos hacer una música, subjetiva, singular, de autor, en el ámbito de las ciudades, de alguna manera, tarde o temprano se ponen de manifiesto las circunstancias sociales antes descriptas. Primero la crisis, cierto desconcierto acerca de marcos referenciales, algo así como: ¿Cuál de todas las músicas que escuche es mi música? o ¿Si no tengo referencias claras y objetivas, como hago para saber que mi música está bien hecha?. La respuesta, claro está, no es la misma en cada caso y por eso, no podemos hablar de este asunto en términos estéticos. Pero como en la historia, la crisis aquí es el motor. La angustia, en tanto disconformidad con el estado actual de las cosas, es la que nos impulsa en la búsqueda. La música, en cada caso, se irá descubriendo en un proceso de ensayos, necesarios para la liberación. La experiencia concreta es la forma que tenemos de despojarnos de los prejuicios que nos ensordecen y enmudecen. La música se busca, sonando. El evento, la exposición y el trabajo constante dejan en evidencia todo el ruido que oculta y reprime a la voz. La mentira queda expuesta en el trabajo realizado y por eso, no se reproduce. La goma de la historia transitada, silencia los agregados estériles de cada producción. El camino es de realizaciones sonoras, en nuestro caso. Sin valorizaciones apresuradas. Después vemos si esas producciones son "musicales" y más aún, artísticas. Las técnicas y los saberes acumulados por la historia son un medio del que hay que valerse para organizar la intención. La experiencia nos llevará a limpiar las técnicas de los juicios estéticos que puedan tener y a servirnos de ellas como un instrumento puro, que no condicione nuestra expresión. Por eso, a la música subjetiva se llega en marcha, con independencia de criterio, compromiso, constancia y en constante dialogo con nuestro entorno, porque de eso hablamos y ahí decimos. Hay que hacerse entender, no vaya a ser cosa que la soberbia nos entierre en el silencio.

Estudios por dentro y por fuera…

A los trece años comienza sus estudios de guitarra eléctrica de forma particular con Rodrigo Cardone, Ricardo Lew, Martin Negro orientado al jazz y con Esteban Morgado, luego, introducción en el tango. Interesado en la composición desde los comienzos, realiza paralelamente un curso de Armonía y Composición en SADAIC de tres años con Juan Carlos Cirigliano. Cuando termina el secundario rinde un examen libre en el conservatorio de la Ciudad de Buenos Aires "Ástor Piazzolla" y consigue entrar nivel superior de dicha institución. Comienza entonces sus estudios formales en guitarra clásica primero con Jorge Bizcardi y luego con Javier Bravo, con el que obtiene el título de "Profesor Superior de Música, especialidad en guitarra" y colabora como arreglador y copista en la orquesta de dicha institución. Ingresa también a la Universidad Nacional de las Artes (UNA) en la carrera de composición y cursa con Roque de Pedro primero, y luego con Guillermo Possati. Paralelamente ingresa a la carrera de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde cursará hasta el tercer año y abandonará. Posteriormente realiza cursos de orquestación con Gabriel Senanes, composición con Diego Schissi, Guitarra Folklórica con Osvaldo Burucuá, composición con J. M. Solari y análisis de obras del S. XX- Prof. Fernando Albinarrate. De forma autodidacta investiga en "Chincha" (Perú) sobre el origen y desarrollo de la música afro-peruana y en Santiago del Estero sobre las influencias Afro en la música del noroeste argentino.

El arte en la docencia

Dirige desde el 2013 hasta la actualidad la "Orquesta de Música Argentina y Latinoamericana de la Escuela Superior de Música J. P. Esnaola" dedicada a interpretar repertorio sinfónico de raíz folclórico de los siglos XX y XXI, dicta un "Curso de arreglos y composición a partir de ritmos folclóricos, orientado a formaciones de cámara" y es profesor de Armonía en dicha institución. En el 2008 compone "Danza para un guardapolvo sin bolsillos", obra para cotidiáfonos compuesta para estudiantes de nivel primario que se estrenó en la Escuela N° 20 del D. E. 19 "Maestro Carranza" en noviembre de ese mismo año.